A Roberto Porciello, ingeniero de 56 años de edad, un banco privado le aumentó los límites de dos de sus tarjetas de 1 a 300 bolívares, después de cuatro años congelado. (Imagen referencial: EFE/MIGUEL GUTIÉRREZ).
A Roberto Porciello, ingeniero de 56 años de edad, un banco privado le aumentó los límites de dos de sus tarjetas de 1 a 300 bolívares, después de cuatro años congelado. (Imagen referencial: EFE/MIGUEL GUTIÉRREZ).

El en , que estuvo congelado desde el 2018, se ha reactivado en los últimos meses y ha aumentado hasta un 29,900%, alza que, sin embargo, no representa una mejora en la capacidad de prosperar a través de la financiación, que no supera los 300 bolívares -unos US$ 60-, según expertos y consumidores.

Clientes de bancos privados dijeron que, desde abril pasado, los límites de sus tarjetas fueron aumentados de 1 bolívar (US$ 0.19) a 150 bolívares (US$ 29.64) y hasta 300 bolívares (US$ 59.28), lo que suponen incrementos de 14,900% y 29,900%, respectivamente.

Al respecto, el economista jefe de la consultora Ecoanalítica, Luis Arturo Bárcenas, dijo que la banca, de manera cauta, ha empezado a elevar el crédito al consumo al ver que una parte de la población reporta una mejora en sus ingresos debido a la dolarización no oficial de la economía, uno de los motores de la parcial reactivación del país.

“Estamos en un entorno dolarizado, y eso, probablemente, los bancos lo están viendo como una buena noticia en materia de repago de sus créditos. En un entorno donde las personas ahora declaran más ingresos en dólares, por más alto que sea el costo del crédito, es más probable que tu capacidad para repagar el crédito, así sea muy pequeño, sea mayor”, agregó.

En abril pasado, la cartera de créditos llegó a US$ 415 millones, lo que representó un incremento de 219% respecto a abril del 2020, cuando estuvo en US$ 130 millones, según cálculos de Ecoanalítica.

Insuficiente

Bárcenas recalcó que, no obstante, estos incrementos no reflejan una recuperación de la financiación a los hogares, que necesitan una media de US$ 481 para adquirir la canasta básica de alimentos, según estimaciones independientes hechas para una familia de cinco personas.

Señaló que, actualmente, no hay un financiamiento “normal y tradicional” en Venezuela que “promueva inversión, compras de bienes de capital y que las personas tengan una visión de futuro mucho más esperanzadora”.

“Ya tú no ves como antes, en la época del 2006, que la gente podía comprar fácilmente un apartamento o un carro. Lo que estás financiando ahorita es puro gasto corriente, nada más que eso, y no todos los venezolanos, como en algún momento lo fue, tenemos acceso a las tarjetas de crédito”, aseguró.

A Roberto Porciello, ingeniero de 56 años de edad, un banco privado le aumentó los límites de dos de sus tarjetas de 1 a 300 bolívares, después de cuatro años congelado.

“(No es) ni la mitad de la canasta básica. Eso sería básicamente para estacionamiento, cosas muy pequeñas, un par de canillas (barras de pan), cuarto de kilo de jamón, cosas muy pequeñas, no te da como era anteriormente que tenías límites hasta de US$ 2,000 (o) US$ 3,000. Dependiendo del tipo de tarjeta, tenías límites que podías comprar cualquier cosa”, dijo.

El declive de la financiación

Según Bárcenas, el declive de la financiación tiene varias causas, entre ellas la caída económica desde el 2013, la hiperinflación que vivió el país desde el 2017 hasta el 2021 y la pandemia, factores que redujeron las capacidades de los hogares y de las empresas de pagar el crédito, lo que hizo que la banca fuera más cautelosa a la hora de prestar.

La cartera crediticia ha caído un 98% desde abril del 2012, cuando se prestaron US$ 32,000 millones, según cálculos de Ecoanalítica.

Pero “el punto cumbre”, dijo, fue a partir del 2018, tras la entrada en vigor del plan gubernamental de “recuperación económica”, con el “incremento sucesivo del encaje bancario”, una medida que obliga a la banca a mantener un porcentaje de sus depósitos en el Banco Central de Venezuela (BCV), que no pueden ser usados, y que ha sido aplicada para contener el tipo de cambio.

En encaje llegó a estar en un 100% en el 2019 y se ha reducido gradualmente hasta un 73% el pasado mes de febrero.

Industria seca de créditos

La manufactura, por su parte, es hoy uno de los sectores más castigados por la falta de financiamiento.

Según el más reciente estudio de la Confederación de Industriales (Conindustria), el 55% de los empresarios se financiaron con capital propio el primer trimestre del año.

Bárcenas agregó que el único sector prioritario que hoy recibe un financiamiento “relativamente elevado” es el agrícola, además del comercio, que usa los créditos, entre otros gastos, para la importación de productos.

“Todavía hay sectores descartados completamente del crédito, entre esos la manufactura”, manifestó.