Un hombre pasa junto a carteles electorales en Ronda, en la región de Andalucía, en el sur de España, antes de las elecciones generales del 23 de julio. (Foto: Jorge Guerrero)
Un hombre pasa junto a carteles electorales en Ronda, en la región de Andalucía, en el sur de España, antes de las elecciones generales del 23 de julio. (Foto: Jorge Guerrero)

Las elecciones legislativas en del domingo tendrán lugar en vacaciones de verano, lo que llevó a más de dos millones de personas a votar por , una alta cifra que alimentó temores de manipulación, explotados por la derecha y la ultraderecha.

Los 2,6 millones de personas que solicitaron votar por correo tienen hasta este jueves para depositar la papeleta en una oficina del servicio postal.

Conforman un 6.9% del total de los 37,7 millones de electores, un porcentaje nunca antes visto en este país donde votar no es obligatorio.

Pero desde que se inició la campaña electoral, la oposición ha sembrado dudas sobre la capacidad de Correos de satisfacer la elevada demanda, insinuando que podrían quedarse papeletas sin contar.

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“Le pido a los carteros de España que trabajen al máximo, mañana, tarde y noche y, aunque no tengan los refuerzos suficientes, que sepan que custodian algo que es sagrado de los españoles, que es su voto”, afirmó la semana pasada el líder del Partido Popular (PP, conservadores), favorito en los sondeos.

El jefe de la formación de ultraderecha Vox, Santiago Abascal, dijo el martes estar “extraordinariamente preocupado”, ya que a su juicio el servicio postal no ha contado con “los medios” necesarios. Eso se une a “la mala intención de convocar elecciones en el periodo vacacional de los españoles”, agregó.

“Embarrar”

En las últimas semanas, el voto por correo generó numerosas noticias falsas que aseguraban que la fecha de la elección había sido elegida para organizar un “fraude electoral” en beneficio de la izquierda.

“No hay un precedente” en España de unas elecciones nacionales en verano, señala Giselle García Hípola, politóloga de la Universidad de Granada, para quien esto ha propiciado la desinformación.

La desinformación “suele difundirse de manera mayoritaria” cuando el elector “es poco conocedor de cómo es el funcionamiento” del proceso, dice la experta.

En respuesta a la oposición, el presidente del gobierno, el socialista Pedro Sánchez, denunció “una estrategia de embarrar y una estrategia de tratar de crear desafección para que la gente no vaya a votar, o que efectivamente desconfíe del proceso electoral”.

El servicio postal rechazó en un comunicado “todas aquellas insinuaciones o informaciones que han puesto en duda el trabajo de los profesionales de Correos” que “debilitan nuestra democracia”.

Sin experiencia previa, algunos electores dicen haber tenido dificultades, como Enriqueta González.

“El mismo día que se anunció en la tele, (...) solicité el voto” por correo, dice la agente inmobiliaria de 51 años, quien no entendió que tenía posteriormente que acreditar su identidad en una oficina de Correos.

Se quedó esperando la papeleta, que nunca llegó, y como ahora ya se acabó el plazo, se queda sin votar. “Una estupidez”, dice.

Cristina García Loygorri, madrileña de 48 años, dice por el contrario haber encontrado el proceso “fácil”. De todas maneras, dice que hubiera preferido votar de forma presencial y se pregunta: “¿Será verdad que mi voto va a ir ahí dentro de la urna?”

Estrategia “peligrosa”

Para Astrid Barrio, profesora de Ciencia Política en la Universidad de Valencia, el principal “riesgo” es si hay una gran diferencia entre la gente que haya solicitado votar por correo y la gente que efectivamente haya culminado con éxito el proceso.

Estoy podría “ser interpretado por unos y por otros de manera tendenciosa (...) como un mecanismo de manipulación electoral”, dice Barrio.

Los observadores internacionales otorgan mucho crédito al sistema electoral español y al mecanismo de voto por correo, considerado “como uno de los más sólidos y fiables que existe y como uno de los menos manipulables”, sostiene Joan Botella, politólogo de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Al sembrar dudas, los partidos incurren en una estrategia “peligrosa”, advierte García Hípola. “Cuando se duda de un ente público, se duda ya para siempre, da igual el color político” que esté en el poder, dice.

“Esta es una estrategia típica del populismo y lo estamos viendo en todo el mundo, no solamente en España”, agrega, en referencia a las acusaciones de fraude lanzadas por el estadounidense Donald Trump o el brasileño Jair Bolsonaro tras sus derrotas.

Fuente: AFP

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