En los últimos días, las filas para comprar gasolina se han vuelto notorias en Caracas. (Foto: AFP)
En los últimos días, las filas para comprar gasolina se han vuelto notorias en Caracas. (Foto: AFP)

Mientras aumentan las filas en Venezuela para comprar gasolina, un controvertido magnate naviero ha entrado en escena para impedir que el país se quede sin combustible en medio de la pandemia de coronavirus, de acuerdo con información a la que The Associated Press ha tenido acceso.

La en la nación con las reservas petroleras más grandes del mundo constituye la amenaza más reciente contra el régimen de Nicolás Maduro, en un contexto de intensa presión de Estados Unidos para que renuncie al poder.

La empresa Maroil Trading Inc., de Wilmer Ruperti, facturó el mes pasado al monopolio petrolero estatal PDVSA 12 millones de euros por la compra de hasta 250,000 barriles de gasolina de 95 octanos, de acuerdo con una copia de la factura obtenida por la AP.

La gasolina fue comprada a un país del Oriente Medio cuyo nombre fue mantenido en reserva, dijeron dos personas enteradas de la transacción que solicitaron el anonimato para hacer declaraciones sobre un negocio delicado.

Este único embarque de gasolina no va a resolver los problemas de abastecimiento en . Sin embargo, debido a la paralización de la economía, cualquier cantidad de combustible que llegue es un alivio bienvenido, dijeron analistas.

En otras ocasiones, Ruperti, excapitán de un barco petrolero, ya ha salido al rescate del gobierno chavista de Venezuela durante coyunturas críticas, algo que hizo que se ganara la simpatía del difunto presidente Hugo Chávez.

Pero esta última maniobra, que podría ayudar a evitar la profundización de una crisis humanitaria, con seguridad irritará al gobierno del presidente Donald Trump, que esta semana reafirmó su apoyo al dirigente opositor Juan Guaidó con el envío de buques de la Marina al Caribe en una misión antidrogas después de haber presentado .

Los yacimientos petroleros y las refinerías de Venezuela han perdido productividad debido a años de mala administración. Más recientemente, los volúmenes de combustible importado se han agotado por el endurecimiento de las sanciones del gobierno de Estados Unidos, dirigidas contra dos comercializadoras propiedad de la compañía rusa Rosneft por brindar asistencia a Maduro.

Después, la pandemia del coronavirus causó el desplome de los precios internacionales del petróleo y paralizó lo que quedaba de producción interna.

“En Venezuela, lo único que se propaga más rápido que el coronavirus es la escasez de gasolina”, dijo Russ Dallen, director de Caracas Capital Markets.

Colas

En los últimos días, las filas para comprar gasolina se han vuelto notorias en Caracas, que por lo general no padecía esperas de días como es habitual en el resto del país. Sin embargo, la mayoría de las gasolineras han cerrado a medida que se les agota el combustible.

En una de las pocas gasolineras que continuaban abiertas el jueves en la capital, cientos de autos, taxis y camiones se mantenían a la orilla de una carretera mientras soldados fuertemente armados vigilaban a los conductores, algunos de los cuales llevaban tres días esperando para llenar sus tanques de combustible.

En la fila, que se extendía por 3 kilómetros, se encontraba Javier Serrano, quien apenas sobrevive como taxista con su destartalado Ford Falcon 1968 azul.

“Hay un toque de queda” y no hay transporte público, dijo Serrano, de 49 años. “Se nos va a morir un familiar en la casa esperándome porque no tenemos un vehículo, ni siquiera para trasladar a otra casa o a un centro médico”.

El gobierno atribuye la escasez de gasolina a la agresión de Estados Unidos. El viernes, el régimen chavista anunció que estaba preparando un “plan especial de suministro de combustible” para restaurar las reservas en el “menor tiempo posible” a fin de permitir a la nación combatir el coronavirus.

“Deploramos la posición de sectores extremistas de la oposición venezolana que, actuando en connivencia con gobiernos extranjeros, planifican y ejecutan estas acciones contra el pueblo venezolano”, dijo el ministro para industrias y producción nacional, Tareck El Aissami. “La historia juzgará sin clemencia a estos traidores a la patria”.

Es aquí donde Ruperti ayudó de nuevo. En el 2002, Ruperti contrató una flota de barcos petroleros rusos para importar gasolina durante los meses que duró una huelga en PDVSA que tenía el propósito de sacar a Chávez del poder.

Más recientemente, Ruperti financió la defensa de los dos sobrinos de la primera dama Cilia Flores en un juicio por narcóticos en Estados Unidos que tuvo una fuerte carga política, así como la del estadounidense Joshua Holt, quien estuvo preso dos años en Caracas debido a lo que fue visto como cargos inventados de acopio de armas.

Ruperti, de 60 años, fue condecorado por Chávez con honores militares por haber contribuido a romper la huelga y vio crecer su negocio como un contratista favorito de PDVSA.

Ruperti mostró su agradecimiento obsequiando al gobernante dos pistolas que el héroe independentista Simón Bolívar utilizó y por las que supuestamente había pagado US$ 1.6 millones. Sin embargo, una unidad de una compañía naviera rusa lo demandó después acusándolo de haber pagado millones de dólares en sobornos. Ruperti declinó hacer declaraciones.

Aunque las sanciones estadounidenses han ahuyentado a muchas compañías navieras y a corredores de materias primas, Ruperti parece inmutarse poco.

Uno de los documentos obtenidos por la AP muestra que su compañía Maroil Trading AG, con sede en Suiza, abrió en noviembre cuentas en dólares, euros y rublos en el Banco Dershava, con sede en Moscú. Una persona dijo que la gasolina que Maroil facturó a PDVSA deberá llegar a Venezuela en los próximos días.

Dallen calcula que bastará para cubrir la actual demanda durante poco más de una semana.

Aunque a la fecha sólo han ocurrido cinco muertes por el coronavirus y la mayoría de los venezolanos acatan el aislamiento dispuesto por el gobierno, existe preocupación de que el ya disfuncional sistema de salud se verá rebasado si aumentan los contagios. Los agricultores han comenzado a escenificar protestas porque su producción está echándose a perder debido a que no pueden transportarla a los centros urbanos.

“Una aguda escasez de gasolina en esta coyuntura podría acarrear un serio empeoramiento de la crisis humanitaria del país, poniendo las vidas de los venezolanos incluso en mayor peligro”, dijo Francisco Rodríguez, economista venezolano que emprendió Oil For Venezuela, un grupo establecido en Estados Unidos que promueve una reducción de las sanciones.