La nueva ola de infecciones obliga al BCE a contemplar la posibilidad de un estímulo fiscal aún mayor. (Bloomberg)
La nueva ola de infecciones obliga al BCE a contemplar la posibilidad de un estímulo fiscal aún mayor. (Bloomberg)

Los encargados de política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) están cada vez más divididos sobre cómo gestionar la economía del bloque durante una segunda ola de COVID-19, amenazando una paz costosamente ganada por la presidenta de la entidad, Christine Lagarde.

La funcionaria ha logrado poner fin a las luchas internas que el año pasado sembraron el caos en el seno del BCE durante los últimos meses de mandato de Mario Draghi. La dirigente francesa también ha impulsado varios paquetes de estímulo sin precedentes para mantener la economía del bloque a flote en medio de la pandemia.

Su promesa de buscar el consenso y atraer a los escépticos está en claro contraste con la política llevada a cabo por su predecesor, Draghi, que rara vez contó con sus principales oponentes dentro del organismo y señalaba la dirección de sus medidas incluso antes de debatirlas en el Consejo de Gobierno.

Pero las tensiones están aumentando de nuevo. La nueva ola de infecciones obliga al BCE a contemplar la posibilidad de un estímulo fiscal aún mayor. En este escenario, se están reabriendo viejas heridas y el economista jefe del BCE, Philip Lane, recibe críticas desde todos los sectores.

Los responsables de política monetaria conservadores -conocidos en la jerga de los bancos centrales como “halcones”- argumentan que el BCE está minimizando algunas buenas noticias, como los indicadores económicos registrados durante el verano, que fueron mejores de lo esperado.

Al otro lado del tablero, las “palomas” o banqueros centrales inclinados hacia la flexibilización monetaria presionan a Lagarde para que adopte un lenguaje más contundente ante los riesgos para el crecimiento y la amenaza de la apreciación del euro frente al dólar.

Los desacuerdos quedaron de manifiesto durante la última reunión de política monetaria celebrada en septiembre, según indicaron a Reuters ocho fuentes distintas cercanas a las conversaciones.

Los halcones quieren que, dadas las condiciones relativamente benignas del mercado, el BCE reduzca discretamente sus compras de bonos, ahorrando munición para incrementar el ritmo de compras de nuevo si fuera necesario. Todo ello sin aumentar el tamaño del Programa de Compras de Emergencia para Pandemias (PEPP por sus siglas en inglés).

Algunos sostienen además que las proyecciones económicas son demasiado pesimistas porque no tienen en cuenta las medidas de estímulo fiscal ya anunciadas, que inevitablemente darían lugar a un aumento del crecimiento y la inflación.

Ambos puntos fueron rechazados por Lane, como también lo fue el llamamiento a dar una advertencia más clara sobre los riesgos para el crecimiento de un euro más fuerte, dijeron las fuentes.

El BCE, que habla en nombre de los miembros del consejo, se negó a hacer comentarios.

¿Rebelión de las “palomas”?

Aunque la mayoría de responsables defiende en público la postura de Lagarde de “esperar y ver”, algunos adoptaron en la reunión un tono decidido de acomodamiento monetario y debatieron abiertamente las perspectivas de un mayor estímulo, algo que Lagarde ha evitado deliberadamente.

Varias de las fuentes -que hablaron bajo condición de anonimato- se opusieron especialmente a unos comentarios de la semana pasada de Fabio Panetta, miembro del Consejo de Gobierno, que vería con buenos ojos que el BCE pecase más por exceso que por defecto.

Panetta, que se unió al consejo a principios de año, argumentó que la inflación seguía incómodamente por debajo del objetivo del BCE y que en tales situaciones podría ser necesaria una respuesta política.

Es como si Mario hubiera vuelto”, dijo una de las fuentes, refiriéndose a la tendencia de Draghi a desviarse del mensaje del Consejo de Gobierno antes de que otros tuvieran la oportunidad de opinar.

En cualquier caso, las fuentes agregaron que Lagarde, por ahora, está cumpliendo su parte del trato e incluso está alcanzando compromisos con los políticos con los que Draghi no habló.

Lagarde está trabajando sin parar y en junio se las arregló para obtener un consenso, así que no tengo ninguna razón para pensar que está a punto de cambiar su estilo”, dijo otra fuente.

Algunos altos cargos del BCE han abogado por aumentar la cuota de compra de bonos de emergencia a 2 billones de euros desde los actuales 1.35 billones de euros, pero Lagarde rechazó tal sugerencia, reforzando su credibilidad entre los responsables que a menudo estaban en desacuerdo con Draghi, dijo una de las fuentes.

Las fuentes dijeron que si bien es posible que sea necesario adoptar medidas de política monetaria en diciembre, llevar los desacuerdos al dominio público y alimentar las expectativas del mercado con comentarios sobre flexibilización podría hacer más difícil mantener el consenso.